La realidad virtual se ha convertido en parte de la realidad. Al jugar Videojuegos en esta realidad virtual y tener el control, te conviertes en Dios. La realidad virtual, algún día, le ganará la lucha al mundo real.
Desde que la tecnología apareció la primera extensión del cuerpo humano, se dio inicio a la realidad virtual. Ya que alterábamos el proceso de percepción en cuanto a las sensaciones. Conforme se fue perfeccionando la tecnología, las sensaciones se volvieron más autenticas y parecidas a la experiencia real. Por lo que, en que punto deja de ser ficticio el sentimiento provocado por estas extensiones del cuerpo y comienza a ser real, transformando a la extensión, en parte del cuerpo. Cuando los heridos de guerra aún sienten como les da comezón en la pierna que no tienen… ¿es real lo que sienten?
Si Dios, según la Biblia, creo el universo de la nada. Sí un diseñador de 3D puede crear "de la nada" un universo tridimensional con personas que interactuan dentro de él y es capas de tener presencia omnipresente y en cualquier linea de tiempo... ¿eso lo convierte en el Dios del juego?
¿Será que la realidad no necesita ser física y con que la mente la pueda decodificar basta? Pero, si esta realidad virtual fue creada por el ser humano, y es una realidad en la que ocurren cosas reales, ¿nos estamos convirtiendo lentamente en deidades? O es que, ¿los videojuegos son el pilar de lo que será la realidad virtual en el futuro?
De lo único que podemos estar seguros es que nuestra concepción cultural de la realidad ha cambiado por completo.
miércoles, 13 de mayo de 2009
¿La Realidad Virtual es real?
Mucho se habla del ciberespacio y de la informática; pero, a mi parecer, la verdadera experiencia integral de realidad virtual es la que dan los videojuegos. Tomas un rol, eres introducido a un mundo artificial, y desarrollas tu “vida” en ese entorno; un entorno en el que naces y mueres (las dos actividades más humanas que hay).
Aunque experiencia no es, de ninguna manera, una extensión de los sentimientos, pero sí de la mente. El niño que juega Grand Thef Auto, probablemente nunca ha visto una prostituta en la vida, pero el día que la vea en la calle mientras viaja con sus padres, ya no tendrá que preguntarles que hace esa señora en la esquina a tan altas horas de la noche con ropa tan extravagante, él, si bien no sabe que presta sus servicios sexuales; sí sabe que se sube a tu coche a cambio de dinero.
El videojuego se convierte en un nuevo lugar de experimentación, un nuevo campo de practicas, en donde la prueba y el error no siempre van ligados a consecuencias mortales; facilitando la labor del usuario para conocer el universo que le rodea; mismo, que la mayoría de las ocasiones, está basado en la realidad. Sin embargo uno tiene el control de lo que pasa; si bien no de la totalidad del juego, sí de las acciones de uno o varios personajes, dotándolos de poder semejante al de Dios, en donde podemos ver más allá de lo que nuestro personaje puede. En donde creamos mundos a “nuestra imagen y semejanza”, y donde nosotros (hablando como programadores) tenemos el don de crear el todo de la nada.
Cada vez los videojuegos son más realistas, desde los universos presentados frente a nosotros, como las interfaces de interacción que simulan o capturan nuestros movimientos. El hecho de que haya dispositivos que nos permiten hacer sentir a otras personas acciones realizadas a miles de kilómetros de ahí; nos cuestiona sobre nuestra capacidad de percibir la realidad tradicional. Si los pilotos, al cursar horas vuelo en los simuladores, les toman las horas como verdaderas. No faltará mucho para que las “horas escuela” también se puedan dar dentro de simuladores, y que todo el conocimiento podamos experimentarlo de manera empírica a través de estos videojuegos de realidad virtual. Entonces, si esa realidad no es real… ¿por qué aprendemos cosas tangibles de ella?
Aunque experiencia no es, de ninguna manera, una extensión de los sentimientos, pero sí de la mente. El niño que juega Grand Thef Auto, probablemente nunca ha visto una prostituta en la vida, pero el día que la vea en la calle mientras viaja con sus padres, ya no tendrá que preguntarles que hace esa señora en la esquina a tan altas horas de la noche con ropa tan extravagante, él, si bien no sabe que presta sus servicios sexuales; sí sabe que se sube a tu coche a cambio de dinero.
El videojuego se convierte en un nuevo lugar de experimentación, un nuevo campo de practicas, en donde la prueba y el error no siempre van ligados a consecuencias mortales; facilitando la labor del usuario para conocer el universo que le rodea; mismo, que la mayoría de las ocasiones, está basado en la realidad. Sin embargo uno tiene el control de lo que pasa; si bien no de la totalidad del juego, sí de las acciones de uno o varios personajes, dotándolos de poder semejante al de Dios, en donde podemos ver más allá de lo que nuestro personaje puede. En donde creamos mundos a “nuestra imagen y semejanza”, y donde nosotros (hablando como programadores) tenemos el don de crear el todo de la nada.
Cada vez los videojuegos son más realistas, desde los universos presentados frente a nosotros, como las interfaces de interacción que simulan o capturan nuestros movimientos. El hecho de que haya dispositivos que nos permiten hacer sentir a otras personas acciones realizadas a miles de kilómetros de ahí; nos cuestiona sobre nuestra capacidad de percibir la realidad tradicional. Si los pilotos, al cursar horas vuelo en los simuladores, les toman las horas como verdaderas. No faltará mucho para que las “horas escuela” también se puedan dar dentro de simuladores, y que todo el conocimiento podamos experimentarlo de manera empírica a través de estos videojuegos de realidad virtual. Entonces, si esa realidad no es real… ¿por qué aprendemos cosas tangibles de ella?
lunes, 11 de mayo de 2009
Tecnología del mal
El hombre, desde el momento en el que utilizó la primera herramienta (aquí es donde uno deja de leer por un par de minutos y recuerda la primera hora de 2001: Odisea en el espacio; y si no se ha visto, corra a hacerlo.), se ha vuelto completamente dependiente de ellas. Una vez que comenzamos a utilizar el fuego, se volvió parte indispensable, para comer, fabricar, transformar, cultivar, rezar, etc.; cada paso hacia la tecnología nos impulsa a dar otros dos pasos adelante… como una adicción, mientras más tecnología tenemos, más queremos, y más dependientes de ella nos volvemos.
Nos facilita la vida, la hace más cómoda, simple y agradable. Pero todo tiene consecuencias.
Tomemos por ejemplo uno de los campos de la tecnología que podría denominarse como el “NO CAMINAR”. ¿Se necesita un ejemplo?
Para empezar, los automóviles, aviones y trenes nos liberan de esta tarea cada vez más obsoleta. La TV existió para poder ver lugares sin tener que ir a ellos. Luego, para no tener que levantarnos del sillón a cambiar el canal de la TV, se inventó el control remoto. Luego, para no tener que ir a comprar el control remoto a la tienda, lo podemos pedir por Internet y llega a nuestra casa. Luego, para no ir a la pizzería, llamas por teléfono para que también llegue a domicilio. Espera, el teléfono está en la otra habitación… no hay problema, para no caminar hasta allá, hago la llamada desde mi celular. Ahora el problema es que soy gordo y mis arterias se están tapando… Al prender la TV con mi control remoto que compré por Internet, veo que solo necesito llamar a los Teléfonos en pantalla para ordenar una píldora adelgazadora. Por lo que tomo mi celular que esta a un lado de la caja de pizza vacía y la pido a domicilio.
Aunque a momentos la tecnología nos pueda llegar a amenazar, siempre encontraremos otra respuesta tecnológica al mismo problema.
Nos facilita la vida, la hace más cómoda, simple y agradable. Pero todo tiene consecuencias.
Tomemos por ejemplo uno de los campos de la tecnología que podría denominarse como el “NO CAMINAR”. ¿Se necesita un ejemplo?
Para empezar, los automóviles, aviones y trenes nos liberan de esta tarea cada vez más obsoleta. La TV existió para poder ver lugares sin tener que ir a ellos. Luego, para no tener que levantarnos del sillón a cambiar el canal de la TV, se inventó el control remoto. Luego, para no tener que ir a comprar el control remoto a la tienda, lo podemos pedir por Internet y llega a nuestra casa. Luego, para no ir a la pizzería, llamas por teléfono para que también llegue a domicilio. Espera, el teléfono está en la otra habitación… no hay problema, para no caminar hasta allá, hago la llamada desde mi celular. Ahora el problema es que soy gordo y mis arterias se están tapando… Al prender la TV con mi control remoto que compré por Internet, veo que solo necesito llamar a los Teléfonos en pantalla para ordenar una píldora adelgazadora. Por lo que tomo mi celular que esta a un lado de la caja de pizza vacía y la pido a domicilio.
Aunque a momentos la tecnología nos pueda llegar a amenazar, siempre encontraremos otra respuesta tecnológica al mismo problema.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)